El disco volador que vino en son de paz

Hace exactamente 70 años, Klaatu, un alienígena de forma humana según la cinta pionera Ultimatum a la Tierra, aterrizaba en Washington. Venía con un mensaje de paz ante el que la humanidad respondió con miedo y violencia. Klaatu barada nickto es el adagio cinematográfico más famoso de todos los ‘venimos en son de paz’ que han venido después. Esto es ficción.

Tan solo cuatro años antes del estreno de la película, otro alienígena, según la fotografía sacada por una mujer piloto de la USAF, aterrizaba de modo accidental en un rancho cerca de Roswell (Nuevo México). Lo hizo a bordo de un disco volador u OVNI. Esto, para los partidarios de la hipótesis extraterrestre, es el acontecimiento ufológico más importante de la historia moderna. Esto es realidad. Diez años antes del incidente de Roswell, Walter Frederik Morrison jugaba con su novia Lu Nay en las playas californianas. Lo hacían lanzando por el aire el plato sobre el que comían palomitas de maíz. Medio siglo antes, los universitarios de Yale hacían lo propio con la tapa de las latas en las que se vendían los pasteles de la Frisbie Pie Company, del panadero William Russell Frisbie. Morrison fue movilizado a la guerra donde, tras aprender unas nociones básicas de aeronáutica, perfeccionó aquel rudimentario plato de palomitas y lo rebautizó en 1948 -en plena fiebre por el caso Roswell- con el nombre de Flying Saucer (platillo volador).

Arrasó en todas las ferias locales y lo mejoró con el modelo Pluto Platter, llamando la atención de la compañía Wham-O, que adquirió sus derechos. La empresa lo promocionó en los campus universitarios con el nombre de Frisbee, en honor a aquel panadero que inventó con una tapa de pasteles y sin saberlo, el disco volador.

Hoy el frisbee es mucho más que eso. Y también un deporte. El Ultimate cuenta con cerca de 400.000 jugadores distribuidos en 5.000 equipos según el censo de 2019 de la World Flying Disc Federation. Dos equipos de siete jugadores compiten en un campo rectangular pasándose el disco con el objetivo de alcanzar las zonas de ensayo, situadas en los extremos, que es donde se anotan los tantos. El único juez del Ultimate es el conocido como Espíritu del Juego, ya que es un deporte autoarbitrado. Los jugadores son los que tienen la responsabilidad de juzgar de forma limpia e imparcial el desarrollo del juego y resolver objetivamente las disputas y faltas. Y es que el Espíritu del Juego es tan importante como el resultado. Al finalizar cada partido, se le entrega a cada capitán una hoja, en la cual se puntúan distintos aspectos del equipo contrario, y, el que mayor puntuación obtiene al final de la competición, obtiene el premio del Espíritu del Juego.

Y esa es quizá la mayor prueba de que los extraterrestres llegaron a Roswell en 1947. Porque su disco volador y su son de paz, han perdurado hasta hoy.

Artículo publicado en El Correo Gallego

Bravas, tranquilas y madres

A mi edad Fidel Castro ya era primer ministro, Marck Zuckerberg atesoraba más de 100.000 millones y Alejandro Magno era rey, hegemón y faraón de medio mundo. La evolución de la sociedad nos dice que se es viejo cada vez con más años y que, por tanto, se posponen todos los episodios vitales. El de dirigir a un país, el de entrar en la lista Forbes, el de dominar el planeta, pero también el de la emancipación, el de la formación familiar, el de la maternidad. El de colgarse una medalla olímpica. Todo sucede más tarde, aunque no haya que dejarlo para después.


Las historias de Maialen Chorraut y Teresa Portela son brillantes, paralelas y conciliadoras. Y le dan la razón al no postergamiento de la fecundidad. Ambas son piragüistas, una de bravas, la otra de tranquilas. Ambas son medallistas olímpicas, una de oro y plata, la otra de plata. Ambas tienen a su mayor apoyo en casa, una a Xabi Etaniz, la otra a David Mascato. Y ambas son madres, una de Ane, la otra de Naira.


“No sabía realmente si podría volver a competir y es algo que me producía incertidumbre, porque no quería renunciar a la maternidad ni al trabajo”. El triunfo de Teri en Tokio, ocho años después de ser madre, también es el de Maialen en Río, tres años después de dar a luz mediante una cesárea que complicó su recuperación. “Hicimos una apuesta por la maternidad y la hemos ganado. Ojalá esta medalla ayude a la sociedad”.


Las de Nino Salukvadze, de Oksana Chusovitina o de Óscar Shawn también ayudan a la sociedad e impulsan decisiones.


Salukvadze le dice al mundo que la maternidad es regalar oportunidades. Con 52 años es la mujer con más participaciones olímpicas, nueve, y ha competido bajo tres banderas. La tiradora georgiana decidió ser madre y no solo siguió compitiendo al más alto nivel, sino que su hijo Tsotne la acompañó en Río 2016, la primera vez que madre e hijo competían juntos en unos Juegos.


Chusovitina nos enseña que no solo los cuerpos jóvenes y elásticos pueden asombrar. Con 46, la gimnasta uzbeka participó en sus octavos Juegos, 21 años después de dar a luz. Su hijo es mayor que muchas de sus rivales y su principal motor. Tras ser diagnosticado con leucemia, Oksana decidió volver a competir para ganar dinero para su tratamiento. Y así hasta Tokio, donde se retiró ovacionada.


Y Óscar Shawn es el máximo exponente de que la edad es solo un número. Pero que ya lo era en 1912 cuando se convirtió en el campeón olímpico más longevo de la historia, con 64 años, o en 1920 cuando fue el mayor medallista, con 72, ambas en la especialidad de ciervo móvil. Óscar también decidió ser padre. Y en sus tres participaciones olímpicas estuvo acompañado por su hijo Alfred. Entre los dos suman diez medallas para Suecia.

Parece que es hora de empezar a hacer todo aquello para lo que creemos que ya es tarde.

Artículo publicado en El Correo Gallego

Lo diverso juega, lo diverso vive

EN EL MISMO Reich en el que un dictador afirmaba que las personas con discapacidades físicas y mentales eran inútiles, una amenaza para la pureza genética, que no merecían la vida y que ideó el programa T-4 o de eutanasia para perseguirlas y asesinarlas, nació un médico que opinaba todo lo contrario.

Casi una olimpiada después de que el barón de Coubertin pusiese en marcha en Atenas los primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna, nacía en la actual Polonia Ludwig Guttmann, su alter ego en el movimiento paralímpico.

Si bien la olimpiada es “el período de cuatro años comprendido entre dos celebraciones consecutivas de los Juegos”, los paralímpicos tuvieron que esperar 92 para celebrarse inmediatamente después de los olímpicos, en la misma ciudad y usando las mismas instalaciones, algo que ya no pudo testimoniar Guttmann, desaparecido por una trombosis coronaria en 1980. Pero el germen de los Juegos Paralímpicos reside precisamente en él. Como médico de origen judío tuvo que dejar de ejercer en hospitales arios y dirigir el Hospital Judío de Breslau. Las muertes de su padre en un campo de concentración y de su hermana en una cámara de gas no frenaron el ímpetu por defender a su pueblo y solo abandonó Alemania cuando fue juzgado por atender a 64 judíos que escapaban de la Gestapo en la Noche de los Cristales Rotos.

Consiguió refugiarse con su familia en Gran Bretaña y allí estudió la rehabilitación de soldados con heridas en la médula espinal cuya mortalidad era del 80%. El Gobierno británico creó el hospital de Stoke Mandeville y Guttmann aceptó ser su director con la condición de poder tratar a los pacientes a su manera, sin interferencias. Quería integrarlos como miembros útiles y respetados, mientras otros opinaban que no merecía la pena dedicar tantos recursos a personas con impedimentos tan grandes. Y para ello utilizó el deporte.

“Comenzamos con juegos simples como los dardos, billar o una especie de boliche y los pacientes reaccionaban físicamente y psicológicamente”. A estos juegos se le sumaron el polo, el baloncesto en silla de ruedas y el tiro con arco, que fue el único deporte competitivo en los Primeros Juegos de Stoke Mandeville, en 1948, de forma paralela a los Juegos de Londres, con 14 hombres y dos mujeres. En 1951 los Juegos ya incluían cuatro deportes y 126 participantes y en 1952 alcanzaron el rango de internacional con la participación de un hospital de los Países Bajos. Un año antes de la oficialidad de los primeros Juegos Paralímpicos en Roma, se contabilizaron 360 competidores de un total de 20 países.

Hoy compiten 4.400 deportistas de 160 países en las cerca de 140 categorías de 22 deportes en función de la discapacidad de cada uno. Supongo que tras 73 años de visibilidad, estamos más que preparados para la inclusión.

Porque quizás ante de lanzarnos al espacio exterior e irnos a poblar otros planetas, deberíamos desarrollar un coeficiente para convivir (y competir) todos juntos y en igualdad de condiciones en este.

Artículo publicado en El Correo Gallego

Mujer, deportista y afgana: el estatus de la muerte

1986. Nace en Kabul Robina Muqimyar. A sus diez años los talibanes toman el país. “No podías ir a la escuela, no podías jugar, no podías hacer nada”. La derrota talibán le permite comenzar el colegio, donde conoce el atletismo. Si lo hubiese practicado antes habría sido violada o asesinada. Consigue la mejor marca de una selección de 60 chicas afganas. Se entrena en el estadio Ghazi, donde el deporte había sido sustituido por ejecuciones públicas, amputaciones y lapidaciones. En 2004 se planta en la cuna del olimpismo, en la línea de salida de los 100 metros. Con pantalones largos, una camiseta que tapa sus hombros y un pañuelo que oculta su cabello consume unos 14 segundos. No pasa a la historia por ello, sino por ser la primera olímpica afgana. También participa en Pekín y termina sus estudios de Derecho para ser diputada en la cámara baja de su país. Con el regreso de los talibanes ya no podrá hacer deporte ni trabajar. Ni coger un taxi. Ni llevar zapatos. Ni reír.

Bildnummer: 03873181 Datum: 16.08.2008 Copyright: imago/Xinhua Robina Muqimyar (Afghanistan) – PUBLICATIONxNOTxINxCHN; Vdig, quer, Exot, Exoten, close Olympische Spiele Beijing 2008, Sommerspiele, Nationaltrikot, 100m Beijing Leichtathletik OS Sommer Damen Einzel Einzelbild Randmotiv Personen Image number 03873181 date 16 08 2008 Copyright imago Xinhua Robina Muqimyar Afghanistan PUBLICATIONxNOTxINxCHN Vdig horizontal Exotic Exotic Close Olympic Games Beijing 2008 Summer Games National jersey 100m Beijing Athletics OS Summer women Singles Single Rand motive Human Beings

1992. Nace en Kabul Nilofar Bayat. A sus dos años un misil se estrella en su casa y le cercena la pierna. La derrota talibán le permite estudiar Derecho, trabajar en el Comité Internacional de la Cruz Roja y capitanear la selección nacional de baloncesto en silla de ruedas con la que quiere llegar a Tokio para ser la primera paralímpica afgana. El no conseguir la clasificación no cambia la historia. Con el regreso de los talibanes, los afganos no competirán en los Juegos. “No puedo salir y sé que no estoy segura aquí. Los talibanes me matarán si me encuentran”. Nilofar ya no puede hacer deporte ni trabajar. Ni pintarse. Ni usar un baño público. Ni asomarse a un balcón.

De las treinta prohibiciones que la Sharía impone sobre la mujer, una atiende al deporte: no pueden practicarlo ni acceder a ningún centro deportivo.

La ley islámica bebe de cuatro fuentes. Las dos primeras son objetivas: el Corán y los hadices -que cuentan los dichos y hechos de Mahoma-. Las dos segundas, subjetivas: el Ijtihad -esfuerzo para redactar las leyes- y el ljma -consenso de la comunidad-. Por ello no hay una sola Sharía ni una sola interpretación. La que siguen los talibanes es la hanafí, la más popular en Afganistán y la más estricta. Pero, ¿qué dicen los textos sagrados?

El Corán defiende la práctica deportiva sin distinción de género por sus beneficios para cuerpo y espíritu. Los hadices también. El Sahih al-Bujari es una de las colecciones más confiables para los suníes. Una de sus historias es narrada por Aisha, la esposa más joven de Mahoma: “Corrí con el Profeta y le gané. Más tarde, cuando aumenté un poco de peso, corrimos de nuevo y él ganó. Entonces dijo: ahora ya estamos en un pie de igualdad”.

Mientras los hombres más ricos del planeta se suben a las butacas de aviones supersónicos para dar paseos espaciales, combatir por su orgullo y ganar la carrera de la ciencia, las mujeres (y hombres) más pobres del mismo planeta se suben al fuselaje de aviones militares para escapar del horror, combatir por su vida y ganar la carrera de la dignidad.

Ese es el único pie de igualdad que conoce este mundo.

Artículo publicado en El Correo Gallego

Todos los abrazos olímpicos

Todas las experiencias olímpicas cuentan la misma historia. La del olimpismo. Una filosofía que exalta cuerpo, voluntad y espíritu. Un estilo de vida basado en la alegría del esfuerzo, el buen ejemplo, la responsabilidad social y el respeto por la ética fundamental.


Por eso todos los abrazos olímpicos son el mismo.


El abrazo de Tamberi y Barshim para compartir el oro de altura ha dado la vuelta al mundo, pero no es nuevo. Es el mismo que el de Cooke y Gilbert, 113 años antes, para compartirlo en pértiga. El mismo con el que un atleta de la Alemania nazi explica a Owens cómo ganar su cuarto oro en Berlín. O el mismo con el que Rojas y Peleteiro celebran en el foso un récord mundial que parece de todos, porque en todos esos abrazos, el verdadero salto lo da la humanidad.


El abrazo de las gimnastas estadounidenses en torno a su líder para protegerla de los focos es el mismo que el de Redmond y su padre en Barcelona, intentando llegar a meta con la corva hecha añicos. Para recordarle al mundo que estar destrozado por dentro es tan imposibilitante como estarlo por fuera.


El abrazo de Hamblin y D´Agostino para terminar los 5.000 de Río es el mismo con el que los griegos empujan a Lima en la maratón, tras ser frenado por un sacerdote. Porque están por encima de banderas o religiones.


El abrazo de Cornelissen a su caballo es el mismo que el de Lemieux a los singapurenses en Seúl. La amazona abandona al notar que al equino le sube la fiebre mientras que el canadiense renuncia, gira su velero y salva a sus rivales de un naufragio. Porque también enseña prioridades.


El abrazo del equipo de refugiados a los perseguidos es el mismo que el de Turquía a Suleymanoglu. Que el de Estados Unidos a Comaneci. Que el de Polonia a Tsimanouskaya. El mismo que el del equipo unificado a las repúblicas soviéticas en el 92. El mismo que se dan las dos Coreas bajo la misma bandera en Pyeongchang.


Todos los abrazos olímpicos nos enseñan algo nuevo, que al mismo tiempo es lo mismo y todo.


Hay quien dice que no se trata de esto. Que el olimpismo son cuatro años de renuncias para demostrar quién llega más lejos, más alto y más fuerte.


Nos han enseñado que ser el primero es más importante que tender una mano. Y la deriva nos ha mostrado que no es lo correcto. La ambición desmedida de unos pocos ha creado un mundo de injusticias en el que unos algunos ganan y la mayoría sobreviven.


Coubertin selló el olimpismo con un abrazo con el káiser Guillermo. Y dijo que «lo más importante es participar, porque lo esencial en la vida no es lograr el éxito sino esforzarse por conseguirlo».

Nadie puede negarle el esfuerzo a quien dedica una vida a su sueño.


Nadie puede robarle el espíritu a quien abraza a su rival.

Artículo publicado en El Correo Gallego

Olimpia une, Olimpia sana

El Estadio Olímpico de Berlín es, junto al Campo Zeppelín, la mayor reliquia del nazismo que todavía se mantiene en pie. Su exterior se conserva tal y como fue ideado en 1934: su interminable paseo de llegada, la piedra oscura que evoca la gloria romana, las seis torres que representan los pueblos germánicos, la campana con el águila imperial y las estatuas de Arno Breker.

Todo al gusto de un Führer megalómano que no quería celebrar los Juegos del 36. Fue Goebbels quien lo convenció de que serían una perfecta campaña de propaganda. De las calles de la capital del Tercer Reich desaparecieron mendigos y gitanos, los letreros antisemitas se retiraron y todo el mundo era tratado con amabilidad. Incluso que Hitler se negara a saludar a Owens forma parte de la leyenda. Durante dos semanas, en la Alemania nazi no hubo ni cuchillos largos, ni cristales rotos. Pero todo obedeció a una pantomima. Los Juegos de Berlín fueron un trampantojo para ablandar las conciencias de los principales objetores: Washington, París y Londres. De Roosevelt, Blum y Chamberlain.

De nada sirvió el primer boicot olímpico pergeñado por Estados Unidos y media Europa. O la Olimpiada Popular alternativa que se iba a celebrar en Barcelona con atletas de 22 naciones, frustrada por el alzamiento un día antes de su inicio. Medio centenar de países coadyuvaron al régimen de Hitler con su participación. Su entrada triunfal en el estadio, con cien mil brazos en alto y un coro de 3.000 voces dirigido por Richard Strauss cantando: “Alemania por encima de todo en el mundo” fue un simulacro de lo que vino después. Hitler quemó libros en el 33 para dividir al mundo. Pero ese mismo fuego unió naciones tres años más tarde.

En el origen de los Juegos, una llama eterna y pura ardía delante de los templos para recordar que Prometeo entregó a los hombres el fuego, “base creadora de toda cultura y progreso técnico”. Carl Diem repensó el mito ideando el relevo de la antorcha desde Grecia hasta Berlín, simbolizando la unidad de las naciones bajo el aura del fuego original. El propio Coubertin, padre del olimpismo, identificó a Diem como “un amigo, un verdadero hombre olímpico”. Y es que Diem no fue solo el creador del recorrido de la llama olímpica, también fue uno de los más influyentes historiadores del deporte. Su vinculación al régimen sitúa su herencia en entredicho.

Sí. El Estadio Olímpico de Berlín sigue en pie. Es la forma que tienen los alemanes de sanar las heridas. Recordándolas. Ni las tiran abajo ni pretenden que no existieron. El tiempo y el propio deporte disipa los horrores. Con un mundial de fútbol y otro de atletismo. Con Zidane y con Bolt escribiendo nuevas páginas en el mismo lugar.

Es lo mismo que han hecho con el legado de Diem. Y que ha llegado hasta aquí, 85 años después, manteniendo viva la llama olímpica que une, la llama olímpica que sana.

Ojalá que lo que debería haber empezado hace un año vuelva a unir a todas las naciones. Y que los Juegos Olímpicos de Tokio limpien tantos malos recuerdos en la llama eterna y pura de su pebetero.

Artículo publicado en El Correo Gallego

Dinamarca o lo que queda del fútbol

La globalización es un conjunto de procesos que conducen a un mundo único y su vertiente cultural, según Malinowski, su mayor tentáculo. Las historias regionales claudican. El heterogéneo y plural mosaico de unidades independientes y aisladas se resquebraja. Los gustos se unifican. La cultura occidental se universaliza y todo el mundo comparte en sus historias ‘Todo de ti’ de Rauw Alejandro. Pero hubo un tiempo en que no era así.

Hay muchas similitudes entre esta Dinamarca y la que hace casi 30 años ganó una Eurocopa para la que ni siquiera se había clasificado. Hay un Schmeichel en el arco, una reedición de apellidos y ambas carecen de su estrella. Pero en realidad, son muchas las cosas que han cambiado desde la Eurocopa de Suecia, el último bastión romántico de un fútbol globalizado y peligrosamente contemporáneo.

La del 92 fue la última Eurocopa con ocho equipos, entre los que se encontraban algunos que empezaban a ser algo diferente a lo que siempre habían sido.

El 9 de noviembre de 1989 cae el muro de Berlín al ritmo de un himno: el de la novena sinfonía de Beethoven. Dos selecciones compactas -RFA y RDA- se unen en una superpotencia futbolística. Alemania Oriental entra en el bombo para Suecia, pero ratificada la unificación, su partido clasificatorio contra Bélgica es declarado amistoso y el último del bloque comunista. A la mayoría de jugadores no les interesa ir y se forma una convocatoria de apenas 14. El capitán Mathias Sammer marca los dos goles. Las dos Alemanias son historia y en la Euro 92 presentan por primera vez una candidatura conjunta.

SELECCIÓN DE ALEMANIA – Temporada 1991-92 – Kohler, Illgner, Effenberg, Buchwald, Helmer y Reuter; Riedle, Klinsmann, Hassler, Brehme y Sammer – DINAMARCA 2 (Jensen y Vilfort) ALEMANIA 0 – 26/06/1992 – Eurocopa de 1992, final – Götteborg, Suecia, estadio Ullevi – DINAMARCA, cuyos jugadores se encontraban de vacaciones y que fue invitada a última hora por la exclusiónde Yugoslavia, dio la gran sorpresa y ganó su 1ª Eurocopa de Naciones

Tres días después de conseguir el pase para la Euro 92, la Unión Soviética desaparece con todos sus organismos. De su cuerpo inerte florecen quince repúblicas. Se baraja la posibilidad de otorgar la clasificación a Italia, segunda de grupo, pero la FIFA aprueba la creación de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) para jugar el torneo. También eligen como himno la novena sinfonía de Beethoven. Termina la Euro en última posición y ahí termina su historia.

A diez días del inicio del torneo, la ONU veta a Yugoslavia de todas las competiciones por el estallido de la guerra de los Balcanes. En este caso sí es la segunda de grupo, Dinamarca, la elegida para cubrir su plaza. Poulsen, Larsen, Olsen o Schmeichel llevan ya tres semanas de vacaciones. “No quiero ir a Suecia a jugar al fútbol, mi cabeza está en la playa”. “Mejor me quedo en casa, podemos hacer el ridículo”. Pero van. Todos menos Michael Laudrup, que reniega del estilo defensivo de la selección y de su entrenador que es quien les hace creer: “Ok chicos, vamos a ir a Suecia y vamos a ganar la Eurocopa”.

Se clasifican en una apretadísima fase de grupos. En semifinales ganan a la vigente campeona de Europa, Países Bajos, y en la final a la del mundo, Alemania. Kim Vilfort se convierte en protagonista indiscutible. Viaja a Copenhague tras cada partido para acompañar a su hija en la agonía de una leucemia. Mete su penalty en la tanda de semis, origina el primer gol de la final y mete el segundo. Su hija fallece seis semanas después.

Hoy, en la Eurocopa 2021, la fatalidad ha vuelto a llamar a la puerta de Dinamarca. La imagen de sus jugadores defendiendo a su líder mientras es reanimado habla de lo que es una tribu. Y es que la familia y el honor son dos conceptos muy arraigados en la sociedad vikinga. Quizás Dinamarca sea el último vestigio vivo de lo que un día fue el fútbol. De una Eurocopa en la que había más bigotes que tatuajes. Una oda a la llaneza y una antítesis del fútbol moderno que corrompe todo lo que toca.

Y así se la han cargado.

Artículo publicado en El Correo Gallego

Del curling a la chave, juegos de bretones

Que Galicia sea celta y no vikinga se le debe al obispo Maeloc. Los bretones se asentaron en el noroeste peninsular durante los siglos V y VI. Unos provenientes de la isla romana de Britania -hoy Gran Bretaña-, otros de la península Armorica -hoy la Bretaña francesa- pero todos ellos, celtas. Maeloc viajó con los segundos para unirse a los primeros y crear la Bretoña de Galicia. Juntos vencieron al enemigo vikingo y juntos levantaron el monasterio Máxime en Santa María de Meira, el lugar donde nacen el río y las raíces que vertebran Galicia.

No incluir a Galicia entres las seis naciones celtas: Bretaña (Breizh), Cornualles (Kernow), Gales (Cymru), Escocia (Alba), Irlanda (Éire) y la Isla de Man (Mannin), parece un delito. Y el deporte también lo cree.

El curling tiene su origen en la Baja Edad Media en Escocia. Grabados en abadías, pinturas de Pieter Brueghel el Viejo y vetustos poemas acreditan su nacimiento. En 1620 los escoceses fundan Nueva Escocia y todas sus costumbres viajan a Canadá. Es el país con más curlers del mundo. Se trata de aficionados: abogados, granjeros, profesoras, camioneros o dentistas.

Dicen que socializar siempre ha sido parte del curling y que a pesar de ser contrincantes en el hielo pueden tomarse una copa con sus oponentes. La descripción del curler de los años 80 es “algo rechoncho, con un cigarro en la boca y una cerveza en la mano”.

Pat Ryan es uno de los curlers más laureados. Para conseguirlo cambió algunas de las costumbres del curling. Hizo firmar un pacto a los integrantes de su equipo por el que no podían trasnochar, beber en abundancia, fumar, sentarse durante el partido o mantener relaciones sexuales. Además implantó un estilo de juego ultradefensivo nunca antes visto: eliminaban las guardias de todos los ends para jugársela con el hammer. Así formó un equipo denominado el Ryan Express, “era un tren que te arrollaba”.

De la gente que trabajaba en el ferrocarril viene otro juego que en Galicia ya es centenario en cada una de sus modalidades: Ourense, Santiago y Ferrolterra. En todo se parece al curling: en su origen bretón, en lo importante de la socialización, en su precisión y puntería, en el perfil de sus jugadores. En todo menos en ese pacto que ningún jugador de chave firmaría en su sano juicio.

Y es que los que juegan a la chave hacen todo lo que las chicas del Roxy: “fuman, beben y hablan con los hombres”. Bien antes de la partida, bien durante la misma o bien en los pinchos con los que invitan a los visitantes.

Pat Ryan consiguió que se profesionalizara el curling convirtiendo un deporte popular en una estrategia aburrida. Ahora que es olímpico, hay mucho más en juego. Los curlers son verdaderos atletas con entrenadores, psicólogos y nutricionistas. Los más románticos se quejan amargamente: “los jugadores han cambiado, hay menos diversión. Se centran tanto en ganar que se pierde lo más importante que es conocer gente y pasarlo bien”.

Los abogados, granjeros, profesoras, camioneros o dentistas que juegan a la chave nunca lo permitirán. Y nuestro equipo del Bar Anxo, tampoco.

Artículo publicado en El Correo Gallego.

Yurchenko, Produnova, Thomas y Biles

Hace un año Kurt Thomas fallecía a causa de un derrame. Él fue el autor del famoso salto Thomas, en suelo. Una pirueta y media a rodar sobre la espalda que lo convirtió en el primer campeón mundial de gimnasia de Estados Unidos. Tal fue la sorpresa que cuando se proclamó vencedor en Estrasburgo en 1978, los franceses no tenían a mano el himno The Star-Spangled Banner. Eran otros tiempos.

En aquellos mundiales, otra gimnasta deslumbró. Elena Mukhina obtenía cinco oros y desbancaba a Nadia Comaneci, que dos años antes había alcanzado la perfección con siete dieces en los Juegos de Montreal. El país de los zares pondría todo su empeño en mostrar su superioridad en los de Moscú. “Si Rumanía gana el oro, significa que ya no somos una nación dominante”, decía el entrenador de Mukhina, que prepara una y otra vez el salto Thomas, pese a “no sentirse segura”. En un desafortunado intento cae mal, se rompe el cuello y algunas vértebras. Mukhina no volverá a saltar, condenada a una silla de ruedas. El salto Thomas queda vetado de las competiciones femeninas, primero, y de todas, después.

Y es que hay saltos que atentan de modo perverso contra la salud. Uno de ellos es el Produnova, en potro, bautizado por la gimnasta rusa Yelena, que en los 90 patentó la figura de una paloma en el aire sobre dos manos, seguida de un doble mortal encogido. Desde aquella solo cuatro gimnastas se han atrevido. Simone Biles no está entre ellas. Dice que “no quiero morir”. Sí se atreve con el Yurchenko, un grupo de saltos en los que las gimnastas entran al potro de espaldas tras un giro en flic flac. Su nombre hace honor a la rusa Natalia, quien lo practicó en los 80. Biles lo ha elevado a la máxima potencia siendo la primera en completar un Yurchenko doble mortal carpado, lo que ha reabierto la polémica.

Si Biles gana el oro en Tokio con ese mismo salto conseguirá dos hitos. El primero, que un salto que dicen “solo para hombres”, lleve su nombre para siempre. El segundo, ser la primera gimnasta en ganar dos oros olímpicos consecutivos tras la hazaña de Vera Caslavska en 1964 y 1968.

Pocos récords le quedan por batir a la de Ohio. Es la gimnasta más laureada de todos los tiempos, entre ellas y entre ellos. Desde este fin de semana es también la estadounidense con más títulos nacionales de gimnasia, superando a Clara Schroth Lomady, una secretaria del Distrito Escolar de Abington que en 1951, un año antes de su última participación olímpica, se casó y se desempeñó como ama de casa. Eran otros tiempos.

Por todo ello, la historia de la gimnasia es una historia de inclusión. Destaca por su sobrerrepresentación femenina (en 2018 más del 92% de las federadas eran mujeres en España) y porque junto a la natación sincronizada, la gimnasia rítmica es el único deporte excluyente en unos Juegos: solo compiten las mujeres. Los estereotipos que sufren muchos de los niños que la practican chocan con una realidad peliaguda: la de un deporte de mujeres en el que hay saltos solo para hombres. Deberían ser otros tiempos.

Artículo publicado en El Correo Gallego

En Vesak, coloréale los ojos a tu Daruma

Ayer se celebraba el Día de Vesak, el más sagrado para los budistas. En el idioma en que se registraron las enseñanzas de Buda, en Pali, Vesak significa plenilunio de mayo, fechas en las que Buda falleció.

No se entendería el budismo sin Bodhidharma. Llegó mil años después de Buda para ser el vigésimo octavo patriarca del budismo, fundar su modalidad zen y proponer un método infalible para llegar a la liberación: la rigurosa práctica de la meditación sentada. Viajó de Persia a China y se estableció en Shaolin. Allí meditó durante nueve años enfrente de una pared rocosa en la que dejó grabada su sombra. Aguantó embates de las bestias, enjambres de mosquitos que le deformaban la cara. Soportó incendios, tempestades y ciclones. Y lo hizo sin inmutarse.

De Bodhidharma conservamos sus enseñanzas, los muñecos Daruma y las artes marciales. Y viene siendo todo lo mismo.

Cuenta la leyenda que Bodhidharma se arrancó los párpados para vencer a la somnolencia y que de ellos nacieron las primeras bolsas de té como remedio contra el letargo. Y que tras permanecer inmóvil durante tanto tiempo, sus brazos y sus piernas se secaron, desprendiéndose de su cuerpo y manteniéndose vertical por su fuerza interior. El Daruma así lo representa. Es un muñeco sin piernas ni brazos, con los ojos muy abiertos. Sus pupilas se colorean cuando se consiguen los objetivos fijados. Es un tententieso. Nunca se cae. Es optimismo, persistencia y determinación. En su pecho se puede leer “cáete siete veces, levántate ocho”, el apotegma de todas las artes marciales.

Y es que fue Bodhidharma quien -reformulando el “mens sana in corpore sano” de Juvenal de cuatro siglos antes- desarrolló más de cien movimientos de artes marciales, como antídoto para la letargia de la meditación. Los ideó imitando los movimientos de defensa de los animales que observaba en la montaña. En el templo de Shaolin, además de nacer el zen, nacen todos los estilos wushu, kung-fu, kuos-shu o chuan-fa.

Hoy Steven Hayes, entre otros, defiende la importancia de la meditación en el deporte, la atención plena. No hay que arrancarse los párpados ni cercenarse las extremidades. Se consigue a través de terapias de tercera generación de la corriente cognitiva-conductual basadas en el mindfulness (MSPE, MAC o MMTS). Los ejercicios de atención plena son efectivos en el deporte porque ayudan a dirigir la atención al esfuerzo actual, minimizando las distracciones externas.

La palabra mindfulness también tiene que ver con el idioma Pali. Es la traducción de la palabra sati que significa intención, atención pura, recepción y presencia del corazón. La paz que promulgaba Buda. Reducir al oponente sin dañarlo o humillarlo. Sin atacarlo. La nobleza de las artes marciales, del deporte.

En el Día de Vesak, Buda pidió que se recordasen sus enseñanzas. Atiende plenamente a tus objetivos, ve a por ellos y coloréale los ojos a tu Daruma.

Artículo publicado en El Correo Gallego