Uruguay no inventó el fútbol, pero sabe bailarlo como un candombe. Por eso encima de la pelota y las espigas lucen cuatro estrellas. Los dos torneos olímpicos de 1924 y 1928, los únicos organizados por la FIFA y equivalentes a un campeonato del Mundo; el primer Mundial de 1930 y la mayor oda escrita en el juego de la pelota, el Maracanazo de 1950.
Una porción corresponde a España, pues mucho antes de que Casillas levantase la Copa ya teníamos dos vencedores. El yelero Pedro Cea y el estibador Lorenzo Fernández eran dos fijos de la selección charrúa en aquellos gloriosos 20 y, además de la remera celeste, compartían un origen común, sito en Redondela. Cea fue uno de los primeros campeones olímpicos de 1924 y en 1928 ya se le unieron Fernández y otros dos jugadores de ascendencia gallega: Álvaro Gestido y Héctor Castro. En el Mundial de 1950, la figura absoluta fue el capitán uruguayo Obdulio Muíños Varela. El ‘Negro Jefe’ que acalló 200.000 almas en Maracaná era hijo de un gallego.
Todos ellos, fruto de la vastísima emigración de finales del XIX. Los gallegos escaparon de la pobreza, el atraso agrario y el hambre y Uruguay los recibió con los brazos abiertos. El Centro Gallego de Montevideo, fundado en 1879, es la institución gallega más antigua.
Este Mundial es un fiel reflejo de la continuación de todos aquellos movimientos. Uno de cada cuatro futbolistas -el 25%- no ha nacido en el país al que representa. Que ocurra en un país ensimismado en levantar muros y que expulsa a 1.200 personas al día es un delicioso capricho del destino.

Me hubiera gustado un empate. Que España se clasificase primera y que Uruguay la acompañase como segunda. Sería como saldar aquello de la emigración, pero el partido que nos debería mantener despiertos fue un sopor. Uruguay decidió ser Holanda en 2010. Se quedan fuera por Muslera y porque les falta la mordiente de aquellos futbolistas de los que, como decía Galeano, solo queda la nostalgia. Cabo Verde, con una condición de invicta que ni siquiera tiene Alemania, baila funaná y España, debe mirarse lo de atrás para bordar otra estrella.
En 2030, el Mundial abrirá en Uruguay y cerrará en España. Quizás para entonces, las cosas sean diferentes.
📝 Artículo publicado en La Región
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