Dicen que bajo el imperio del Rey Prudente nunca se ponía el sol. Felipe II recibió la herencia del emperador, su padre Carlos, para extender las posesiones hispánicas ad infinitum. En aquel vasto territorio del XVI vivían 50 millones de personas desde España hasta el continente americano por el oeste, y Filipinas y Micronesia por el este, pasando por los Países Bajos y los diversos dominios de Italia. Pero el rey metódico cometió un error. En su afán de volver a controlar Inglaterra, rechazado en varias ocasiones por la reina Isabel, envió a su ‘Grande y Felicísima Armada’ a las islas para pegarse uno de los mayores topetazos de la historia. Una mala estrategia, un temporal y el principio del fin. Desde aquel agosto de 1588 España nunca volvió a ser la misma y se despidió poco a poco de aquel título que la clasificaba como la mejor del mundo.
El imperio de Andrea Mirón Castro (Pontevedra, 1991) poco le tiene que envidiar al de Felipe II. En el fútbol playa lo ha ganado todo. Soporta con carisma regio el brazalete de capitana con el que ha conseguido los mayores logros en los lugares más recónditos como la Neom Beach Soccer Cup en Arabia, los Juegos Mundiales en Qatar o la Acapulco Cup en México. Entre los torneos de clubs y selecciones, colecciona un carromato de MVPs que podrían comprometer el suelo más firme y es por eso que el terreno patrio se le ha quedado corto. Aquí reinó en el AIS Playas de San Javier, con un triplete histórico en 2022, y en el Higicontrol Melilla se coronó campeona mundial de clubs. Pero su leyenda ha traspasado fronteras. En esta última temporada ha conseguido la Copa de Rusia para el WFC Kristall y el Scudetto italiano para el Cagliari BS, sin olvidarnos de otros territorios exóticos que también se han visto tocados por su varita, como Polonia o incluso China.
Todos estos méritos y más son los que la han llevado a sentarse durante cinco años consecutivos a la mesa de las mejores. En concreto, en una de las tres butacas reservadas para las candidatas a la mejor jugadora del mundo, premio cortesía de Beach Soccer Worlwide. En 2021 recibió su primera nominación. Todo parecía hecho cuando en la edición anterior otra pontevedresa y su amiga, Carolina González, se había erigido como la primera española en asir el cetro. Pero, en esta ocasión, Andrea marró el tiro y aplaudió a la inglesa Molly Clark. El tropiezo mutó en rutina y en los siguientes tres años Andrea siempre regresó a la ciudad del Lérez con un segundo puesto cada vez más amargo. La brasileña Adriele Rocha se empachó de un injusto triplete que la organización intentó camuflar otorgándole a Mirón el premio al mejor gol de 2024 en una indemnización cuasi grosera.

Andrea Mirón podría haber perdido los papeles en la codicia de ese trofeo que no completaba su vitrina. Podría haber enviado sus barcos a la guerra, pataleado, gritado, exasperado hasta la médula. Ostentaba razones pero no lo hizo y mantuvo la calma. No emprendió batallas que no le eran propias, porque sabía que el único lugar donde podía vencer era en la arena. Un año tras otro, Andrea se refugió en el fútbol.
Para ser la mejor del mundo no solo hay que ganar, sino también perseverar. Encajar los sinsabores, sabiendo que correr más no siempre significa llegar antes. La serenidad, o el estoicismo senequista comparecen como virtudes idóneas en el rigor de un buen rey. De una buena reina.
Andrea Mirón lo sabe desde niña. Por eso no le ha importado mantenerse cinco años aplaudiendo un nombre que no era el suyo.
Hoy, “por fin ha llegado” ese premio que lleva mereciendo un lustro, porque un lustro lleva siendo la mejor jugadora del planeta.
📝 Artículo publicado en el Diario de Pontevedra
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