El título de la cinta maestra de Fleming, ‘Lo que el viento se llevó’, proviene de la novela homónima de Margaret Mitchell que, a su vez, se sirve de un verso de Dowson. El famoso epígrafe representa el colapso del Sur estadounidense en la Guerra de Secesión, el ocaso de la esclavitud y las plantaciones de algodón. La trama de la película transcurre en Atlanta, icono del yugo sobre los negros, arrasado por los abolicionistas. Pero ayer, lo que el viento de Atlanta se llevó fueron las dudas sobre la candidatura de España al Mundial.
Fue ante una Arabia Saudí que sigue viviendo en aquellos tiempos cavernícolas. Un país pobre en lo futbolístico, 59º en el ranking FIFA, y pobre en lo social, 148º en el Human Freedom Index. Con un récord de 356 decapitaciones en 2025 y más de mil en los últimos cinco años, la mayoría ejecutadas en público; por cargos como brujería, apostasía o adulterio; sospechosas y sin pruebas concluyentes. Un estado en el que no existe la libertad, en el que los disidentes son fustigados, las mujeres carecen de derechos y la homosexualidad es duramente castigada. Un lugar al que, incomprensiblemente, llevamos nuestra Supercopa.
Por ello la actuación de España merece tantos Óscars como la película de la señorita Escarlata. Premio a la insistencia, a la fidelidad a un estilo. A Rodri, mejor jugador del torneo. A los cambios oportunos: las incursiones de Porro, el estilete de Olmo, el asociacionismo de Baena. Premio a colocar a Pedri en su hábitat. Premio a la efectividad. A los 27 tantos de Oyarzábal en 55 partidos. Y sobre todo, a Lamine Yamal, jugador franquicia y abrelatas prémium.
El jugador de ascendencia marroquí y ecuatoguineana es imprescindible en esta España cualificada y diversa. Porque mientras la afición de un país católico celebraba con frenesí el gol de su astro, este realizaba el sujud, postrándose ante su Dios Alá. Lo hizo en una ciudad que subyugó a los negros; en un país que hostiga todo lo que sea diferente; y ante otra bandera que viola los derechos de sus ciudadanos. Ojalá el viento huracanado del fútbol sepa, por fin, de que lado soplar, para llevarse tanta porquería por delante.

📝 Artículo publicado en La Región
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