Dinastía ibérica

Hubo un tiempo en que Portugal y España fueron un único reino. Felipe II se convirtió en monarca luso tras la Batalla de Alcazarquivir, la muerte de Sebastián I y la crisis sucesoria. Sus derechos al trono se asentaban en la sangre: hijo de la infanta Isabel de Portugal y nieto de Manuel I. En 1580, fue coronado como Felipe I de Portugal y siguió ensanchando las fronteras de ese imperio donde nunca se ponía el sol. Su hijo y su nieto continuaron el legado de los Austrias sobre Portugal, pero en 1640 la nobleza local se levantó contra la corona española y proclamó a su propio rey.

300 años después de la época de los Habsburgo, España se ha convertido en otro imperio. En este primer cuarto de siglo, la selección se ha anotado un mundial (2010), tres Eurocopas (2008, 2012 y 2024), una Liga de Naciones (2023) y un oro olímpico (2024). Lo hace con un estilo altamente inconfundible: pases cortos, búsqueda de espacios y empacho de balón. Ante esta ingeniería milimétrica, Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro quiere reclamar la independencia lusa con un arma mucho más simple y efectiva: el gol.

En el que podría ser su último partido en un mundial, los números del Bicho, asustan. Puede que no encuentre muchos apoyos a la hora de reivindicar su trono como mejor de la historia, pero su hambre voraz lo convierte en un inevitable monstruo del gol. Es el futbolista que más tantos le ha dado a su país (146), el único que ha anotado en seis mundiales y el máximo artillero de todos los tiempos con 976. Llegará al millar y ahí alcanzará a Pelé, exclusivo ser humano con tres mundiales ganados.

El debate sobre si un jugador de 41 años es un lastre para la selección lusa es tan edadista como absurdo. Cristiano es Portugal y Portugal es Cristiano. Su destino es indisoluble y merecedor de un final áureo y legendario.

Un engranaje rojo con la precisión de un reloj intentará impedirlo. España todavía no ha recibido gol en este mundial, pero desmerecer a CR7 sería tamaña temeridad como aquella portada de ‘Vamos a jubilar a Zidane’.

En Dallas, la ciudad de uno de los mayores magnicidios de la historia, se pone en juego una dinastía.

📝 Artículo publicado en La Región

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