Hasta nueve veces se ha repetido un partido inaugural en los Mundiales. El dato tiene trampa, porque cuatro campeonatos tuvieron, de inicio, un carrusel de partidos simultáneos. Si reducimos la lista a partidos únicos solo ocurrió en una ocasión. Este Mundial ya es histórico por pura coincidencia. El pasado 11 de junio, México ejercía de anfitriona para inaugurar la fiesta con una victoria ante Sudáfrica. Pero es que otro 11 de junio, 16 años atrás, era la Bafana Bafana quien zarandeaba a los aztecas en Johannesburgo con aquel mísil tierra-aire de Tshabalala.
Suelen ser los menos afortunados los que se agarran a la providencia. La misma que encumbra y soterra a Fast Eddie en ‘El buscavidas’. Ayer España no la tuvo, pero permaneció fiel a la pelota. La tuvo tres cuartos del tiempo, sacó once córners, ejecutó más de 700 pases, remató una treintena de veces y siete de ellas entre los tres palos. En ese espacio emergió la figura de Josimar Días ‘Vozinha’ como héroe nacional caboverdiano para blindar la inmensidad con su capa. En aquel Mundial de 2010, España también cuajó un desastre iniciático. Perdió 1-0 contra Suiza con otra treintena de disparos y otros siete a puerta, beatificando a Benaglio, que también fue designado MVP.
Las estadísticas del España-Cabo Verde son asombrosamente similares a las del España-Suiza de 2010. Faltó el gol africano como aquella carambola de Gelson Fernandes. A punto estuvo de hacerlo Joao Paulo en el 90, pero el castigo sería demasiado severo para la tercera selección del ranking FIFA ante otra que está en el puesto 64.

Frente a la pobreza en el juego, la escasez de recursos y la falta de ideas, solo queda agarrarnos a la cábala. También al fútbol, a la calma y a Yamal. La mayor diferencia entre 2010 y ahora es el dorsal 19. El jugador más desequilibrante juega de rojo y conviene utilizarlo. Porque lo que no se puede permitir es que, cuando los de enfrente han aprendido cómo hacer sangre, con un bloque bajo impenetrable, todas las varitas estén en la banqueta.
El Mundial es esto. El corazón de Curazao, el oro negro de Catar, la resistencia jordana entre metralla, el gol contra el hambre de Haití, el frenesí escocés tras el destierro, la fortaleza pescadora de Cabo Verde. Diría Boskov que un Mundial es un Mundial. Pero este es peligrosamente parecido al de 2010. Y todos sabemos lo que pasó.
España conoce la fórmula de la Coca-Cola. En Atlanta, solo queda esperar.
📝 Artículo publicado en La Región
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