Pica en Flandes

Hubo un tiempo en que Flandes era inexpugnable. Su posición en el centro de Europa, cercada por otras potencias, convertían en un trabajo ímprobo enviar soldados para defender las posesiones. Así, ‘poner una pica en Flandes’ quedó en la cultura popular como una expresión para referirse a aquellas empresas harto dificultosas que se acaban venciendo con denuedo y tenacidad.

Flandes, actual Bélgica, llegaba a la final del Eurobasket como la bestia negra de la selección española. Las últimas heridas de ‘La Familia’ fueron dos zarpazos de las flamencas en escenarios de órdago. Perdieron en la final del último Europeo y en los cuartos de los Juegos de París. Además, la plantilla española en este certamen se podía catalogar de bisoña. De la final de 2023 solo quedaban tres jugadoras en el parqué del Pabellón de la Paz y de la Amistad: Alba Torrens, Paula Ginzo y Raquel Carrera.

Estos factores colocaban a España fuera de la lucha de las medallas en cualquier quiniela que se preciase. En las semifinales contra Francia sumaban un pírrico 17% de probabilidades de victoria y arrancaban la final contra Bélgica con un hándicap de +8. Pero de algún modo espontáneo, alrededor del trío de veteranas -con Torrens y Carrera en el quinteto ideal y Ginzo, máxima anotadora- , brotó una coralidad de heroínas sobradas de calidad y arrojo para seguir construyendo el obelisco de triunfos en el que trabajaron tantas generaciones desde los tiempos de Valdemoro. La polivalencia de Aina Ayuso, el desparpajo de Awa Fam, la rapidez de Helena Pueyo, la energía de Elena Buenavida o el liderazgo de Mariona Ortiz hacen presagiar que España seguirá minando metal en una cuenca que nunca se agota.

España es, sin alardes, una de las mayores potencias del baloncesto. Sus doce medallas en el torneo continetal -once en este siglo- así lo atestiguan. Arrancarse la piel a jirones por un útlimo pase desgraciado sería ignorar la verdadera magnitud de lo logrado.

Que la muralla flamenca guarecida por titanes como Meesseman, Linskens o Allemand haya estado a punto de claudicar es el mejor síntoma de que la fórmula gallega de Martínez y Cantero funciona y que España tiene argumentos de sobra para seguir poniendo la pica en Flandes por muy empinado que sea el camino.

📝 Artículo publicado en La Región

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