Uno de los globos terráqueos más antiguos, el Lenox, incluye la inscripción latina ‘hic sunt dracones’ (aquí hay dragones) para referirse a tierras sin explorar. Esta práctica se extendió por toda la cartografía medieval para marcar cualquier zona peligrosa, acompañada de serpientes marinas y criaturas mitológicas. Hubo un tiempo, en el que el Estadio Olímpico de Montjuic también había dragones. Gigantes reptiles alados que colonizaron una tierra inhóspita para España: la NFL.
El lunes Mahomes saltaba al Caesars Superdome de Nueva Orleans para convertirse en el segundo quaterback con más Superbowls de la historia, por detrás de la leyenda de Tom Brady, el mejor mariscal de todos los tiempos con siete anillos. Los Chiefs lo tenían de cara pero, un descalabro ofensivo condujo el trofeo Vince Lombardi a las manos de los Eagles. Jake Elliott fue uno de los mejores, con cuatro field goals, recordando los tiempos dorados de David Akers, el mejor pateador de la historia de los Eagles con varios récords de anotación. Akers se bregó con los Berlin Thunders en la NFL Europa, una liga creada en 1991 -primero como World League of American Football- para dar una oportunidad a los jugadores que querían demostrar su valía para la NFL pero en aquella división no fue el mejor. Otro jugador lideró los registros de touchbacks por delante de él: se llamaba Jesús Angoy, era yerno de Johan Cruyff y había jugado en el Fútbol Club Barcelona.

La historia de Angoy es tan mágica como el mito del equipo que lo acogía. Los Barcelona Dragons son el único conjunto español que participó en competiciones de la NFL. Lo hizo entre 1991 y 2003, llegando a disputar cuatro finales de la World Bowl. Jack Bicknell fue el único entrenador de un equipo que reunía a 50.000 almas en Montjuic para ver fútbol americano, gracias al espectáculo brindado por estrellas cedidas por la NFL, como Jay Gruden, Lawrence Phillips y, sobre todo, Jon Kitna.
Angoy no jugó en la NFL, pero estuvo a punto. Vivió su plenitud deportiva dando patadas a un balón de fútbol para sacar de meta. Ganó una Supercopa con el Barça sin disfrutar de muchos minutos a la sombra de Zubizarreta y Busquets, pero su golpeo de balón, encandiló a los Dragons, que lo incorporaron siguiendo el ejemplo de otros equipos que confiaban en ex futbolistas para la posición de pateadores. Llegó a Montjuic como tapado y acabó siendo capital. Siempre con el 14 en el pecho, en honor a su suegro, se retiró como el segundo máximo anotador de la NFL Europa y llevó a los Dragons al título de 1997.
Su 85% de acierto despertó el interés de los Broncos, que venían de ganar la Superbowl. Realizó un training camp donde hizo buenas migas con Jason Elam, el mejor kicker del momento, con el que se picaba a chuts de 50 yardas en los entrenos. Angoy sorprendió a todos y su fichaje estaba encaminado hasta que él mismo decidió pararlo. En la rueda de prensa convocada para comunicar su decisión, el entrenador mostraba su incomprensión pues era la primera vez que un jugador rechazaba la oportunidad de jugar en su equipo ¿Las razones? Un proyecto deportivo con Cruyff, además de la familia y amistades que quedaban en Barcelona.
Dicen que los dragones viven solos o en pequeñas unidades familiares, una teoría que habría que revisar con el caso de Angoy. Lo que sí confirma es la extrema fiereza de las bestias, así como una mejora en sus habilidades a través de la experiencia.
📝 Artículo publicado en La Región
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